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Gunung Batur

Empieza nuestro segundo día en Bali y como siempre con un buen desayuno en nuestro hotel. Hoy es domingo y nos vamos de cycling, ¡nos vamos a ver el mismísimo Gunung Batur!

Así que la vestimenta debe ser la adecuada. Sí o sí ropa cómoda y zapatillas de deporte. Además de un jersey y los chubasqueros en la mochila por si llueve, mejor ser precavidos. Y a la hora acordada, llega nuestro conductor y el guía que hoy nos acompañará en nuestra excursión en bicicleta.

La empresa con la que realizamos la excursión se llama Bintang como la cerveza típica indonesa, os dejamos el enlace directo a su web por si queréis tener más información sobre sus tours. Nos queda por delante una hora de camino en coche entre arrozales.

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Tour en bicicleta en Bali

El punto de salida es Kintamani, un pueblo con impresionantes vistas al lago Batur y al volcán que lo corona con 1.717 metros de altura. Gunung Batur es considerada como la segunda montaña más importante de Bali, después de Gunung Agung. Y nosotros tuvimos la suerte de disfrutar de un segundo desayuno o también lo podemos llamar merienda, en un restaurante que ofrece unas magníficas vistas panorámicas a este volcán y al lago situado a sus pies. ¡Una preciosa estampa!

Y con esta imagen en nuestra retina, nos ponemos el casco y cogemos la bici que será nuestra compañera de viaje a partir de ahora. El guía nos explica que casi todo el recorrido es por carreteras y caminos con poco tráfico, pero que hay momentos que sí que pasaremos por zonas con más tránsito y que tenemos que ir con cuidado. Sobre todo los primeros 10 minutos del trayecto que es lo más peligroso. Tras escuchar estas palabras pienso: “¡oh dios mío en qué lio me he metido!”. La verdad es que no me hacía ninguna gracia después de haber visto el tráfico caótico de este país y también de esta isla, el meterme en una carretera con una bici. No me parecía nada seguro. Bueno, respiro hondo, me armo de valentía y empiezo a pedalear.

Iniciamos nuestra aventura que durará en total unas dos horas y media. Dos horas y media de bajada, por eso lo llaman un cycling suave, porque todo el rato es cuesta abajo y no hay que subir ninguna cuesta; bueno solo una pero suave y muy al principio. Aunque tengo que confesar que con tan sólo 10 minutos de recorrido a mi ya me dolía la mano izquierda de tanto frenar. No soy fan de la velocidad, los que me conocen lo saben, por eso con que me embalara un poco y la bici cogiera un poco de velocidad, yo frenaba. Así que me pasé dos horas y media frenando y con mucha fuerza, porque la bicicleta no era de gran calidad. Os podéis imaginar cómo terminó mi mano izquierda al final, ¿verdad?

La Bali rural y religiosa

Bueno, dejando de lado el dolor de mi mano, el tour en bicicleta estuvo genial. Conocimos la parte más rural y menos turística de la isla. Pasamos por caminos con unos paisajes chulísimos, por plantaciones de café, cacao, vainilla y yuca entre otros, por bosques dónde pudimos respirar el aire fresco de la montaña y también nos paramos en pequeños pueblos dónde contemplábamos los grandes templos que había en cada uno. Eso nos sorprendió muchísimo, la cantidad de templos con los que nos cruzamos en un recorrido tan corto como el que hicimos.

Para los balineses su fe y su religión son lo primero, y nos lo demostraron. Como os he dicho al principio es domingo y justo hoy es el día en que se celebra la ceremonia de cremación colectiva en los pueblos de Bali. Mela nos explicó ayer que aquí queman a todos sus muertos, pero que solo las familias más adineradas se pueden permitir una cremación privada y que el resto de familias esperan al día de la cremación colectiva que se celebra un domingo de cada 5 años. Y coincidió que ese domingo era hoy. Por eso no os sorprenderá si os cuento que estábamos por un camino pequeñito lleno de piedras y baches, y sin quererlo nos encontramos metidos de lleno en una especie de procesión de la celebración de este día. Fue un momento muy tenso, pararon incluso la procesión para dejarnos pasar con las bicicletas por allí en medio. Obviamente no tenemos fotos de este momento, ya que no era lo más apropiado.

Además de la procesión, en nuestra excursión en bicicleta nos cruzamos con muchísima gente autóctona y sobre todo niños, todos ellos nos saludaban muy felizmente. También tuvimos la suerte de poder entrar en una casa auténtica balinesa. Nos recibieron con los brazos abiertos y con una sonrisa en la cara. Descubrimos que la parte más importante de cualquier vivienda de Bali es su templo, toda casa tiene su propio templo privado. A mi eso me parecía increíble.

Y la parte final del recorrido pasaba por la agricultura más típica: el arroz. Nos paramos en un campo de arroz y pudimos ver muy de cerca el trabajo tan duro que realizan aquí diariamente los agricultores al cultivarlo. ¡Lo hacen todo con las manos! Y lo más curioso de todo es que todo lo que cultivan en Bali es únicamente para consumo propio, no es para exportar, y a veces no es suficiente.

Pejeng

Y entre arrozales acaba esta excursión. A mi me gustó mucho hacer este tour ya que descubres otra cara diferente y menos conocida de la isla. Nos despedimos de las bicis y como ya es hora de comer, nuestro guía nos lleva directos a un restaurante que está en el pueblo llamado Pejeng.

Allí nos comemos un riquísimo menú en compañía de una pareja de australianos majísima, que nos cuentan que llevan desde 1997 visitando Bali cada año. ¡Está claro que esta isla enamora a muchos! De menú comimos una sopa de pollo de primero, de segundo un plato de arroz y noodles con verduras acompañados de pollo satay, y de postre fruta fresca. ¡Todo realmente bueno!

Monkey Forest

Con la barriga llena nos vamos de vuelta a nuestro hotel en Ubud. Y después, nos espera la tarde libre para poder callejear de día y conocer un poco más este precioso pueblo en el que nos alojamos. Paseamos por la Monkey Forest y entramos en todas sus tiendas que son monísimas, vemos a los niños jugar a fútbol, tomamos nuestro primer contacto con el mercado de Ubud sin comprar nada tan sólo observando, y hacemos una parada en una heladería con una decoración única para degustar un riquísimo helado. El calor aprieta y bien nos merecemos un dulce fresquito.

De regreso al hotel, andando por la calle Bisma pasamos justo por delante del Cafe des Artistes, uno de los restaurantes que teníamos en nuestra lista de recomendaciones. Allí es donde queremos cenar esta noche, así que aprovechamos y reservamos una mesa.

Antes de que se ponga el sol, queremos darnos un baño en una de las súper piscinas que tiene nuestro hotel y así por fin estrenarlas. Y así lo hacemos. Nos damos un chapuzón con los últimos rayos de sol que nos sienta de maravilla. ¡Esto es el paraíso! Pero no podemos disfrutarlo mucho tiempo porque en cuanto se va el sol llegan los mosquitos y no queremos morir con sus picaduras.

Dónde comer en Ubud

Después de una buena ducha, ya es hora de cenar. Así que ponemos rumbo al restaurante. Este hotel está muy bien situado, porque en menos de 10 minutos llegas andando al corazón del pueblo donde hay millones de bares y restaurantes para elegir. Y terminamos la velada disfrutando de una cena perfecta en el Café des Artistes. Cuenta con un ambiente súper tranquilo y romántico, y un servicio muy amable. Yo cené un fillete de salmón y Juanjo prefirió pasta, así que optó por unos tagliatelle pescatore. ¡Todo exquisito! Y como yo soy muy del dulce, de postre pedimos una crepe de chocolate con helado de vainilla. La cena nos costó unas 178k IDR por persona, que son unos 12€.

Así terminamos un día más en esta preciosa isla. Hoy hemos disfrutado de sus paisajes, de sus montañas, de su naturaleza, de su cultura y de la amabilidad de su gente. Nos vamos pronto a la cama como cada noche, aquí los días son muy intensos y mañana nos espera una nueva jornada de grandes templos. Selamat malam!

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